Vive Latino 2025 fue la prueba transgeneracional a base de ácido para Daniela Romo y Yuri quienes se convirtieron en cantantes símbolos de los años ochentas, aunque ambas iniciaron sus carreras a fines de los setentas, Romo en 1971 y Yuri siete años más tarde, ahora demostraran su perdurabilidad de su trayectoria descrita por periodistas a sueldo del sistema, como extraordinaria, ahora ante un televidente liberado por los medios alternativos de comunicación masiva. Fue en aquellos ochentas que las dos cantantes lograron dominar al monstruo de Viña del Mar en Chile, cuya accesibilidad de dicho festival chileno, no es tan flexible como la de este Vive Latino que aceptó en el escenario a las señoras de 65 y 61 años que impactaron de jovencitas, una por su brillante y larga melena y la otra por sus ojos verdes y su iluminación rubia. Sin embargo la edad no es un limitante ante el talento, sino por el contrario la experiencia lo consolida, por lo que un Vive Latino que se había mantenido como un evento juvenil y rockero, ahora se vio invadido por personajes que al no encontrar los espacios sobrepublicitados que construía la televisión monopólica e impositiva de los años ochentas y parte de los noventas, se refugiaron en lo que parecía un evento reservado para la generación Alfa. No se puede negar que muchas de aquellas figuras de los ochentas eran tan artificiales como muchas de las que también aparecen en el panorama de la música actual, solamente que en aquellos tiempos había un soporte empresarial uniformado y un material basado en genios de la composición en su mayoría. Daniela Romo deslumbró con su jovialidad y simpatía, misma que parece haber llegado a su finalización junto con su carrera, que aún realizando nueva discografía, pasa desapercibida en las bodas de plata de este siglo, mientras que Yuri, sigue siendo una estrella del pop, capaz de continuar llenando grandes auditorios, principalmente en su patria y en su continente. Aunque la rubia había confesado encontrarse nerviosa por la aparición que haría ante una multitud Z y en su mayoría alfa, su ofrecimiento artístico resultó fresco, de calidad, trascendente y no como ocurrió con la caducidad de Daniela Romo, cuyos mejores momentos se adhieren al álbum de los recuerdos.