ALGUIEN TIENE
QUE DECIRLO.- Julio Iglesias, el cantante más conocido en el mundo, fue acusado por dos de sus trabajadoras, de delitos de acoso y agresión sexual. Lo que se hizo
público por medios de comunicación que no
mostraron probanzas de la supuesta
investigación periodística pero que sí motivaron la apertura de diligencias por
la Fiscalía de la Audiencia Nacional en España. Aparentemente los hechos
ocurrieron hace cinco años, cuando el cantante español contaba con 78 años de
edad cuando a la encargada de las actividades del hogar y a
su fisioterapeuta, supuestamente las atacó
hasta hacerles tocamientos sin sus
consentimientos, dándoles bofetadas, humillaciones físicas y verbales, y hasta
la penetración. Lo único que han podido aportar las denunciantes son documentos
y testimonios que demuestran la relación
laboral pero no las agresiones. Los abogados defensores de las supuestas víctimas,
coincidentemente presentaron la denuncia en una jurisdicción equivocada lo que ha prolongado la acción
ministerial ante el juzgador pero no el escándalo,
que sin revictimizar a las supuestas
ofendidas. Es claro que se violentó la discrecionalidad de la investigación y
se ha preguzgado y desprestigiado a Iglesias mediante comentarios mediáticos.
Además la conducta del artista no ha ayudado
en su defensa, al caracterizarse por coqueteos y manoseos públicos a
diferentes conductoras que ahora señalan
las incomodaron pero en su momento,
actuaron como parte de un show de televisión, incluyendo a la artista
internacional, Verónica Castro. La ley
debe de proteger a las víctimas de esta
clase de delitos, que la mayoría de veces
no son fáciles de demostrar por su naturaleza íntima, pero también debe
castigar a los medios que exhiben
supuestas investigaciones periodísticas cuando no se basan en elementos demostrables o cuando
se encuentran en una etapa de investigación, contrariamente cuando existe una
consignación judicial o resolución
judicial al respecto, en donde además las autoridades en su etapa de investigación deben ser estrictos en evitar
actos de molestia y actuar de manera severa cuando tengan a su disposición
pruebas plenas. Por lo pronto, Julio Iglesias ya ha sido sentenciado como culpable de manera mediática y en base
al direccionismo del femenismo mal
entendido, y de la ignorancia de los comunicadores de chismes, mientras que quienes han filtrado
informaciones no sustentadas no cuentan con la tipificación delictuosa bajo el
falso escudo de la libertad de prensa y de información. El caso de Iglesias
resulta diferente a lo ocurrido entre Sasha y el productor Luis de Llano que
presumía haber tenido la relación
amorosa con una menor de edad, o los casos
de Placido Domingo que confesó cometer abusos íntimos sexuales sin
perder un grado de honorabilidad o el propio Enrique Guzmán cuya gravedad no es la simple acusación de su
nieta de haber recibido tocamientos cuando era menor, sino sus reacciones
posteriores a las acusaciones que no han dado lugar a un pronunciamiento ministerial
oficioso lo que rebasa el otro extremo de la acusación infundada,
que es la impunidad.
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